martes, 9 de febrero de 2010

El arco de medio punto, puertas y ventanas










Arco de medio punto










Es el resultado de un semicírculo entero, se ha usado desde tiempos remotos, desde mesopotamia en donde se usaba la arquitectura caldea. Se difundió por todo el mediterráneo y Europa cuando la arquitectura etrusca pasó a la arquitectura romana, es por ello que es característico del arte romano. La forma básica del arco es de un solo centro, aparecen diferentes derivados del arco medio punto como son: el arco rebajado: donde su centro es geométrico por debajo de la línea de impostas y no es un semicírculo, es por ello que se dice que posee una forma aplastada.




se apoyan en el ábaco, dando a relucir sus cualidades de medio punto o peraltados. Estos generalmente poseen de dos a tres semianillos que se adhieren uno al otro intercaladamente y de menor a mayor, siendo el mas ancho el de arriba. Un ejemplo de estos arcos, es el arco apuntado que data desde el siglo XII, el cual era conocido con el seudónimo de arco ojival. También se pueden apreciar algunos arcos lobulados y/o entrelazados en edificios románicos, los cuales pueden ser ornamentales o constructivos.






Puertas












Las puertas románicas están compuestas por un conjunto de arcos redondos concéntricos que van en degradación apoyándose en sendas columnitas, dando a lugar a un arco abocinado. En el caso de las ventanas, generalmente se abren hacia la fachada y hacia el ábside. Posee mas alto que ancho, y en la parte superior forman al igual que en las puertas un arco doble apoyado sobre columnas pequeñas. Posee vidrieras incorporadas que son usadas para cerrar las ventanas, algunas poseen celosía de piedra perforada, yeso cristalino, laminas de alabastro, etc., y otras solo disponen de telas blancas impregnadas con trementinas, estas últimas son comunes en iglesias pobres.


Ventanas



Son amplios ventanales normalmente adornadas, y con diversos detalles.

El muro románico y los contrafuertes

El muro románico




La forma de edificar un muro en época románica es herencia directa de los geniales arquitectos que fueron los constructores romanos. El tipo de técnica empleada es lo que se denomina "muro compuesto" o "emplectum" y consta de tres capas: un núcleo formado por ripios consolidados con mortero de cal y sendos acabados exteriores.










En las obras más antiguas, se emplean los sillarejos apenas desbastados, y en la etapa plena del románico, se utilizan bloques de piedra sillar bien escuadrados y ajustados en sus superficies vistas y de apoyo.
Hacia el interior del muro, la piedra no necesita ser tallada con cuidado. No se verá. Y su propia irregularidad en la profundidad de penetración en el núcleo aportará cohesión a ambas capas. Este es el fundamento de colocar sillarejos a tizón: al disponerlos de modo que su mayor longitud se hunda en el centro del muro, consolida y ata sus distintas fases.
Si la mezcla de mortero de cal es la adecuada y en consecuencia el núcleo del muro es sólido, es suficiente para rigidizar el mismo hasta el punto de que los acabados de piedra vista sean meramente decorativos. La demostración de esta idea son los edificios en que se han expoliado sus sillares para reutilizarlos ("la mejor cantera disponible es un edificio abandonado"). Permanecen en pie gracias a la rigidez del núcleo de sus muros.



En ocasiones, en el espesor del muro se dejaban maderos emparedados a modo de "durmientes" esperando que aumentaran la estabilidad del mismo y evitasen alabeos. El riesgo es que si la madera no era de suficiente calidad, al descomponerse lo que originaba era la debilidad de la obra.



Además de los acabados exteriores a base de sillarejos y sillares, también se utilizan mampuestos y ladrillo en sustitución de la piedra trabajada. Y en fases avanzadas de la época medieval, se llega a prescindir de las capas exteriores del muro, encofrando con planchas de madera sujetas por vástagos que dejan unos orificios regularmente distribuidos por la obra.










El muro románico es de gran espesor. Mas de un metro en los pequeños templos rurales que estamos acostumbrados a ver. En el constructor de esa época primaba la estabilidad de la obra sobre cualquier otra circunstancia. Y creaba muros de gran potencia, con escasos vanos por miedo a debilitarlos. Asía la luz al interior es escasa y crea ese efecto que estimamos consustancial al románico y que no es sino temor del operario a debilitar el muro.
Si la obra no se pensaba cerrar con una bóveda de piedra, el muro podía ser de menor espesor. Más si había de soportar los notables empujes de las cubiertas, todo era poco: amplio grosor, escasas ventanas, contrafuertes y la puerta al hastial de poniente, muro que no soporta empuje de la bóveda.
En las obras de notable altura, como las torres militares, a medida que ascendían rebajaban el espesor del muro. En parte para disminuir el peso total de la fábrica, y en parte para así con los retranqueos tener un punto de apoyo de las soleras de las distintas plantas.
Y en las torres-campanario, se aplica la misma idea, con el resultado de aumentar el numero y amplitud de vanos a medida que se gana altura. Arriba las cargas son escasas y abrir amplios vanos aligera la carga total que ha de soportal la base.



El arquetipo del muro románico, a tenor de lo visto, es el muro pesado, recio y con pocas aberturas por miedo a debilitarlo. Ese es el esquema inicial, que condiciona el aspecto interior. El crecimiento en altura de los templos se ve condicionado por la pesadez del muro, incapaz de soportar su propio empuje. Y además habrá de recibir las cargas de las bóvedas














CONTRAFUERTES



Los contrafuertes son un elemento que se utiliza desde muy antiguo en la construcción, y muy frecuentemente en los edificios medievales, especialmente en los períodos del románico y gótico, e incluso más tarde en el renacentista. Muchos de estos contrafuertes pueden verse en algunos de nuestros edificios más singulares a lo largo de toda nuestra geografía.
Colocados por el exterior de los muros de carga, a distancias iguales y coincidentes generalmente con los arcos formeros o principales de la cubierta, su función es la de reforzar esos tramos del muro donde los empujes horizontales son muy importantes; ya que las estructuras de las cubiertas
, tienden a abrirse empujando al muro hacia afuera.

La experiencia fue determinando que la solución al problema pasaba por reforzar el muro en esa línea, desde arriba hasta abajo, colocando allí una mayor masa para aguantar los empujes: los contrafuertes.
Generalmente se presentan en forma prismática, aunque a veces también toman la forma cilíndrica. En ocasiones van coronados por remates o pináculos, también de piedra, que sobresalen por encima del muro, con las características decorativas propias de cada época, y cuya función real es la de sumar más masa vertical a la del propio contrafuerte.





lunes, 1 de febrero de 2010

Características de la arquitectura románica

Características de la ARQUITECTURA ROMÁNICA: Planta y Bóvedas. ¿Cómo resuelven los arquitectos románicos el problema de los empujes de la bóveda? El muro románico. Los contrafuertes.


Plantas románicas

Las plantas románicas más frecuentes son:
Planta Basilical de tres o cinco naves (forma rectangular), de influencia romana.


Planta de Cruz Latina, compuesta de dos brazos, un longitudinal, más alargado, y otro transversal.Aunque también pueden encontrarse otras plantas poligonales.
Sobre esta planta de cruz latina pueden identificarse los principales elementos que forman parte de un templo románico:




La planta de Cruz Latina tiene dos brazos, uno longitudinal y otro transversal llamado transepto. Donde se cruza la nave central y el transepto, se llama crucero, que suele realzarse con una cúpulaLa nave central suele terminar formando un ábside de forma semicircular, en la cabecera, donde pueden colocarse nuevas capillas también semicirculares, llamados absidiolos y la girola o deambulatorio, que es la prolongación de las naves laterales sobre la nave central por detrás de la capilla mayor.

La bóveda en el románico
El espacio de la iglesia románica es, pues, un espacio dinámico cuyas líneas arquitectónicas y de visión convergen en la cuenca absidial, lugar en donde se manifiesta el poder de la divinidad. La cubierta de este espacio fue uno de los principales problemas de los maestros de obras románicos y según las épocas, las regiones geográficas, el clima de las mismas, los materiales disponibles y la capacidad económica de las comunidades, recibió soluciones muy diversas. La cubierta de madera sobre armadura a dos aguas fue sin lugar a dudas la solución más simple para cerrar la luz de la nave de principal, pero su fácil combustibilidad la hizo desaconsejable en según que regiones y circunstancias. Para sustituirla se optó por la bóveda semicilíndrica de piedra (bóveda de cañón o de medio cañón) reforzado por arcos fajones. Soluciones más simple bajo el punto de vista constructivo se adoptaron en el cubrimiento de los espacios cuadrados, como los de los tramos de las naves laterales o los de las criptas, los de los brazos del transepto etc. En estos se utilizaron, por lo común bóvedas de arista, es decir, aquellas surgidas de la inserción viva de dos medios cañones, perpendiculares uno respecto al otro.Para cubrir el crucero, uno de los lugares más significativos de la iglesia, espacio intersección de la nave longitudinal con la transversal, se adoptó la cúpula semiesférica, de tradición romana al igual que la bóveda de cañón y la de aristas, abierta por una linterna en su cúpula y apoyada sobre pechinas o trompas, elementos que facilitan el tránsito entre la zona hemiesférica superior y el espacio cuadrado, más raramente rectangular de la planta.

La solución de las trompas, de tradición oriental, consiste en un nicho en forma troncocónica que consigue transformar el cuadrado de la planta en octógono. Las pechinas, también de origen oriental, consisten en triángulos con la superficie y los lados cóncavos, dos de los cuales se confunden con los arcos formeros o de sostén de la cúpula, y el tercero con el círculo de la base misma. En determinadas zonas, especialmente meridionales, en las que se aúnan la herencia del mundo clásico y la de la tradición oriental, como ocurre en Lombardía, se hallan soluciones particulares que tienden a compartimentar o fragmentar las bóvedas mediante molduras o nervaduras que anteceden al cruzamiento de ojivas gótico.